causaba problemas.
Pero aquella mañana descubrí que, sin darme cuenta, también le había enseñado a tener miedo de incomodar a los demás.
Le había enseñado que a veces era mejor guardar silencio para evitar conflictos.
Y Renata tuvo que aprender por su cuenta que hacer lo correcto puede significar precisamente lo contrario.
Hablar.
Insistir.
Entregar un documento aunque tu madre te haya dicho que no.
Buscar a alguien que todos los demás olvidaron.
Y subir a un escenario con una figura de cartón mientras doscientas personas se burlan de ti.