el pasillo.
—Menuda familia nos ha tocado. Ni siquiera pueden comprarse ropa decente.
Mi padre no protestó cuando se lo conté. Sacó una pequeña libreta del bolsillo y escribió algo.
—La gente revela mucho de sí misma cuando cree que está hablando con alguien inferior —me dijo.
Había una razón para aquella tranquilidad.
Mi padre no era simplemente un apicultor jubilado.
Era el propietario de un importante grupo de talleres y concesionarios, TS Automoción, aunque casi nadie conocía su verdadera identidad.
Y lo más irónico era que Álvaro acababa de