Al salir de maternidad con mi bebé, descubrí que mi suegra y mis cuñadas ocupaban todos los asientos de mi coche, convertido en un supuesto regalo de boda. «Ahora lo necesita mi hermana, así que busca un taxi», dijo mi marido. No levanté la voz. Solo miré a mi padre, que acababa de llegar con unos documentos capaces de revelar quién era realmente su misterioso jefe.

Después se convirtió en el marido perfecto. Demasiado perfecto. Y digo esto porque, cuando llevas años inspeccionando coches accidentados, aprendes que una superficie sospechosamente impecable a veces esconde una reparación bastante fea.

Por aquellas fechas lo nombraron director provisional de uno de los concesionarios de TS Automoción. Su ascenso debía confirmarse en una reunión con la dirección general después de que naciera nuestra hija.

Álvaro estaba convencido de que el propietario quedaría impresionado con sus resultados.

—Ese hombre tiene que ser multimillonario —decía—. Nadie lo conoce, pero pienso conseguir que