seas dramática. Mañana firmarás el cambio de titularidad. Álvaro llevará los papeles al hospital.
Le contesté que no firmaría absolutamente nada.
Su despedida fue una amenaza disfrazada de consejo.
—Ya veremos qué haces cuando estés delante de toda la familia.
Llamé a mi padre aquella noche. Le conté todo y le pregunté qué había escuchado en la reunión de directivos que tanto parecía preocuparle.
—Mañana lo sabrás, Clara. Solo necesito que no vuelvas a justificar lo injustificable.
Al día siguiente, mientras preparaba la ropa de Alma, alguien llamó suavemente a