tu hija.
No pude discutirle nada.
Mi madre nos esperaba en casa. Había preparado comida, cambiado las cerraduras y colocado todas las pertenencias de Álvaro en cajas que dejó bajo custodia de la administradora del edificio.
Cuando entré en la habitación de Alma, encontré su cuna montada.
Álvaro llevaba meses prometiendo hacerlo.
Mi madre se había encargado de todo aquella mañana.
Dejé a mi hija descansando y me senté en el sofá. Por primera vez desde el parto, podía escuchar el silencio sin tener miedo de que alguien entrara para