puse de pie.
—No me toques.
Se quedó inmóvil.
—¿Qué te pasa?
—Tengo cámaras.
Su cara cambió.
—¿Qué?
—30 cámaras.
Retrocedió.
—Hoy no fui al aeropuerto.
El color desapareció de su rostro.
—Estuve mirando todo.
—Alejandro…
—Escuché cómo amenazaste a Marisol.
Renata comenzó a negar con la cabeza.
—Estaba alterada.
—Vi cómo tratabas a mis hijas.
—Necesitan disciplina.
—No eres su madre.
Mi voz retumbó por toda la sala.
—Y jamás lo serás.
Renata empezó a llorar.
—Estoy bajo mucha presión por la boda.
—La boda no existe.
Se quedó