completamente paralizada.
Saqué mi teléfono.
—Héctor. Entra.
Las puertas de la sala se abrieron.
Héctor apareció acompañado por mi abogada y 2 agentes.
Renata me miró como si acabara de dejar de respirar.
Y mi abogada llevaba una carpeta que contenía algo que yo mismo todavía no conocía.
Algo mucho peor que lo que había visto en las cámaras.
Parte
3
—¿Por qué hay policías aquí? —preguntó Renata.
Mi abogada, Laura Mendoza, abrió la carpeta.
—Porque el señor Montes solicitó que revisáramos de inmediato algunos movimientos financieros relacionados con usted.