su cabeza.
Mariana pensó unos segundos.
Luego respondió.
—Porque durante años otras personas intentaron decidir quién debía ser yo.
Y ya terminé de pedir permiso.
La respuesta apareció al día siguiente en varios artículos.
Y miles de personas la compartieron.
***
Mientras tanto, la vida de Daniel continuaba desmoronándose.
La venta de la casa lo obligó a mudarse a un pequeño apartamento.
Los pagos que Mariana siempre había administrado comenzaron a acumularse.
Las cuentas llegaban.
Las fechas límite también.
Y por primera vez en su vida adulta, tenía que resolverlas solo.