orden formal de restricción para no acercarse a las instalaciones del plantel.
Sentí una opresión helada en el pecho.
—Tú eras alumna regular de St. Jude —dije, leyendo las calificaciones perfectas que figuraban al calce del informe de mérito.
—Hasta el viernes pasado —respondió Maya con los labios temblorosos—. Mi madre trabajó durante seis años como afanadora nocturna en los laboratorios de ciencias de la escuela. Gracias a su empleo y a mis notas, me otorgaron una beca completa de estudios.
Sophie me apretó la mano con fuerza, escuchando en