Alejandro entrecerró los ojos; una sombra de desconcierto genuino quebró la rigidez de su frente.
—Había fotografías, Clara. Recibos de hotel en Cancún a tu nombre. Informes bancarios donde constaba un depósito de doscientos mil dólares provenientes de la cuenta de triangulación del auditor Martínez…
—Fotografías tomadas desde un ángulo ciego donde la mujer de espaldas llevaba mi mismo abrigo de paño azul —le recordé, dando un paso hacia él, sosteniéndole la mirada con una ferocidad que lo hizo retroceder una pulgada involuntaria—. Un abrigo que se extravió misteriosamente de