Colgué el teléfono y me quedé mirando el reflejo de mi rostro en el cristal oscuro de la escotilla.

interrumpió de golpe.

Valeria apareció en el descansillo del pasillo, con la respiración entrecortada y un rubor artificial manchando sus pómulos perfectamente maquillados.

Llevaba en la mano el teléfono satelital de Alejandro, cuya pantalla parpadeaba con una luz roja insistente.

—Alejandro, por favor —dijo ella, clavando una mirada cargada de un veneno silencioso en mis ojos antes de dirigirse a él con tono de urgencia burocrática—. Es una llamada prioritaria del Estado Mayor Conjunto desde la capital. El general Aréchiga necesita tu confirmación sobre las licitaciones portuarias antes de que