el barco atraque en Cozumel.
Alejandro no se movió de inmediato; mantuvo su mirada clavada en la mía durante tres segundos agónicos, buscando una grieta, una señal de reconciliación o una súplica que yo me negué rotundamente a entregarle.
Finalmente, el coronel estiró el brazo y le arrebató el teléfono de la mano a Valeria con una brusquedad tan seca que la mujer dio un respingo de sorpresa.
—Voy a subir al puente de mando —dijo Alejandro sin mirar a su prometida, dirigiéndose únicamente a mí con una voz que