Colgué el teléfono y me quedé mirando el reflejo de mi rostro en el cristal oscuro de la escotilla.

sonaba a juramento siniestro—. Pero esto no termina aquí, Clara. Esta noche, cuando atraquemos, vas a abrir ese sobre delante de mí.

—El sobre se abrirá cuando las personas indicadas estén presentes, coronel —respondí con una serenidad sepulcral—. Ni un minuto antes.

Alejandro apretó el teléfono entre sus dedos hasta que el plástico crujió levemente, dio media vuelta y subió la escalerilla a zancadas pesadas, dejando una estela de tensión que impregnó el pasillo como pólvora húmeda.

Valeria se quedó sola frente a mí.

La máscara de asistente impecable se