Colgué el teléfono y me quedé mirando el reflejo de mi rostro en el cristal oscuro de la escotilla.

—El bastardo, como tú lo llamas, tiene el acta de nacimiento certificada por el Registro Civil de la Armada con el sello reservado que tu propio jefe firmó antes de su despliegue —le respondí, mirándola directamente a la base de la garganta, donde el pulso le latía de forma desordenada—. Y la baratija de plata tiene el número de serie militar de la placa de Alejandro. ¿Crees que puedes falsificar una prueba de ADN forense en el laboratorio central de la Marina tan fácilmente como falsificaste las firmas de los