recibos de Cancún?
El color abandonó los labios de Valeria, dejándolos de un tono cenizo bajo el labial carmín.
Sus ojos bailaron hacia la cámara de seguridad instalada en la esquina superior del corredor, calculando el alcance del lente gran angular.
—No tienes nada, Clara. Doña Elena murió delirando y tú eres solo una empleada temporal que puede ser desembarcada en el próximo muelle por razones de seguridad nacional.
—Pruébalo, Valeria —le dije, dando un paso hacia adelante que la obligó a pegar la espalda a la pared de caoba—.