Colgué el teléfono y me quedé mirando el reflejo de mi rostro en el cristal oscuro de la escotilla.

fecha de nacimiento de la familia hasta el último suspiro que dio en mis brazos —la corté, sosteniendo el sobre de color crema a la altura de mi pecho, sintiendo el filo áspero del lacre seco presionar contra las yemas de mis dedos.

Alejandro no apartó la vista de Valeria.

Había una vibración casi imperceptible en la aleta izquierda de su nariz, un reflejo visceral que yo le conocía desde la academia militar: la señal biológica de que su instinto de combate había detectado una anomalía en el perímetro.

—Esa