que habíamos comprado en París.
Ahora, ante mis ojos, se desplegaba la conversación real que él sostenía mientras yo apagaba las velas del comedor.
Julián: «La suite del hotel Palace está lista a nombre de tu asistente. No te preocupes por la tarjeta, cargué los gastos a la cuenta de representación de la Costa Norte».
Paulina: «¿Y tu mujercita abnegada no sospecha nada? Mira que me da penita verla en la oficina cargando expedientes como si fuera tu secretaria personal».
Julián: «Elena solo sirve para eso, Paulina. Es un animal