Bajo las cenizas del honor familiar no sobrevive la sangre de quien vendió su propia alma por una corona de humo.

de banco exigiendo garantías inmediatas.

Julián siempre perdía los estribos cuando las cosas escapaban a su guion cuidadosamente ensayado.

Le sudaban las palmas de las manos y se aflojaba compulsivamente el nudo de la corbata cada vez que los números no cuadraban en una reunión trimestral.

«Elena, ven un momento; explícales tú este gráfico de amortización», solía ordenar con un chasquido de dedos disimulado cuando se sentía acorralado.

Y yo siempre me levantaba, sonreía con diplomacia a los auditores y desplegaba ante ellos una argumentación impecable que disipaba cualquier duda.