—Pero tienes que entenderme —continuó ella—. Mi hermano también es mi familia. Él no tiene casa. Ustedes tienen más recursos. Elena es soltera, todavía puede vivir con ustedes o casarse después. Pero Diego necesita empezar su vida.
Me quedé mirándola.
¿Esa era la mujer que venía a ser mi cuñada?
La mujer a la que le compramos vitaminas, ropa de maternidad, suplementos, frutas importadas porque decía que tenía antojos difíciles.
La mujer a quien mi madre llamaba “hija” desde antes de casarse.
La mujer que me decía, sonriendo, que cuando