Cumplí 60 años frente a una mesa preparada para mis 6 hijos, pero después de 4 horas seguían vacías todas las sillas. Ninguno contestaba mientras mi tarta se consumía delante de mí. Entonces un policía llamó a mi puerta con una nota de mi hijo: «No llames a nadie. Ven con el agente». Cerré la casa y subí al coche; aún no sabía quién me esperaba.

había sido la peor.

Diego tenía antecedentes de problemas juveniles menores que nunca habían desaparecido de su memoria aunque legalmente estuvieran superados.

Había tenido sanciones escolares, alguna denuncia administrativa y una etapa en la que parecía empeñado en demostrar que nada podía importarle.

Durante la entrevista personal no intentó ocultarlo.

Le preguntaron por qué había tomado aquellas decisiones.

Diego habló de la marcha de Julián.

De aquellos años en los que culpaba al mundo entero.

Pero hizo algo que Carmen jamás habría esperado escuchar.

No utilizó a su padre como