llevaría al centro cívico, donde estarían los demás.
Después habría explicado todo.
Pero el acto se retrasó.
Hubo documentación adicional, indicaciones de última hora y problemas administrativos.
Cuando finalmente pudo marcharse eran más de las 20:30.
Su móvil apenas tenía batería y vio decenas de mensajes.
En lugar de llamar directamente a Carmen y arruinar la sorpresa, tomó la peor decisión posible.
Pidió ayuda a Sergio, un compañero recién incorporado.
Escribió la nota.
Y pensó que sería emocionante que un agente apareciera en casa para conducirla hasta la fiesta.