Rubén se llevó ambas manos a la cabeza.
—¿Emocionante?
Diego cerró los ojos.
—En mi cabeza parecía mejor.
Incluso Carmen, todavía afectada, estuvo a punto de sonreír.
—Pensé que te había ocurrido algo.
Diego perdió inmediatamente cualquier rastro de humor.
—Lo sé.
—Cuando vi a ese agente en mi puerta pensé en todas aquellas llamadas que temí recibir cuando eras adolescente.
Diego bajó los ojos.
—Lo siento, mamá.
—Pensé que quizá no volvería a verte.
Él dio un paso hacia ella.
—Estoy aquí.
Carmen levantó una mano.
—Espera.
Diego se