Cumplí 60 años frente a una mesa preparada para mis 6 hijos, pero después de 4 horas seguían vacías todas las sillas. Ninguno contestaba mientras mi tarta se consumía delante de mí. Entonces un policía llamó a mi puerta con una nota de mi hijo: «No llames a nadie. Ven con el agente». Cerré la casa y subí al coche; aún no sabía quién me esperaba.

el agente.

Confía en mí.»

Carmen sintió que las piernas le fallaban.

—¿Dónde está mi hijo?

El agente evitó responder directamente.

—Necesito que venga conmigo.

—¿Diego está bien?

Hubo un silencio demasiado largo.

—Él mismo se lo explicará.

Carmen miró las 6 sillas vacías, la comida intacta y las velas consumidas.

Después cogió su chaqueta.

Porque en aquel instante estaba convencida de que el peor temor de sus últimos 20 años acababa de llamar a su puerta.

PARTE 2

Era la primera vez que Carmen viajaba en la parte trasera