el agente.
Confía en mí.»
Carmen sintió que las piernas le fallaban.
—¿Dónde está mi hijo?
El agente evitó responder directamente.
—Necesito que venga conmigo.
—¿Diego está bien?
Hubo un silencio demasiado largo.
—Él mismo se lo explicará.
Carmen miró las 6 sillas vacías, la comida intacta y las velas consumidas.
Después cogió su chaqueta.
Porque en aquel instante estaba convencida de que el peor temor de sus últimos 20 años acababa de llamar a su puerta.
PARTE 2
Era la primera vez que Carmen viajaba en la parte trasera