de un vehículo policial.
Apenas habían recorrido 2 calles cuando su teléfono vibró.
Álvaro.
«Mamá, por favor, no tengas miedo.
Confía en nosotros.»
Carmen llamó inmediatamente.
No respondió.
—¿Mis hijos están en algún problema? —preguntó al agente.
—No.
—Entonces dígame dónde vamos.
—Falta poco.
Aquella respuesta consiguió asustarla todavía más.
Mientras atravesaban Valencia, Carmen recordó a Diego con 10 años esperando junto a la ventana a que su padre regresara.
Después recordó al adolescente que fingía que nada le importaba, las llamadas del instituto y aquellas noches en que ella