Diego fingía no escucharla.
Pero siempre escuchaba.
A las 21:17 alguien llamó a la puerta.
3 golpes secos.
Carmen se levantó pensando que por fin llegaba alguno de sus hijos.
Al abrir, encontró a un joven agente uniformado.
—¿Carmen Navarro?
El corazón le dio un vuelco.
—Sí.
El policía sacó un papel doblado.
—Me han pedido que le entregue esto.
En la parte exterior había una sola palabra.
«Mamá».
Carmen reconoció inmediatamente la letra de Diego.
Abrió la nota.
«Mamá, no llames a nadie.
No hagas preguntas.
Ve con