pagando vuestra vida.
Mi madre se volvió hacia Inés.
—La casa era nuestra.
Ella nos ayudó con unos pagos.
Dejé la escritura sobre la mesa.
—La compré.
Fuisteis conmigo a firmar.
Sabéis lo que hicimos.
Mi padre tenía las manos apoyadas en las rodillas.
Le puse delante el extracto y la carta de mi abuela.
—Necesito que me respondas delante de todos. ¿Usaste mis 18.400 € para el taller?
—Sí.
Sonia levantó la cabeza.
—¿Y por qué me dijisteis que la abuela no había ahorrado nada?
Mi madre contestó:
—Pensábamos