Mi madre cambió la cerradura de la casa que yo pagaba. Al volver del trabajo, me dejó la cena en el patio: “Tú entras cuando dejes de oler así”. Mi padre me oyó suplicar y tampoco me abrió la puerta.

pagando vuestra vida.

Mi madre se volvió hacia Inés.

—La casa era nuestra.

Ella nos ayudó con unos pagos.

Dejé la escritura sobre la mesa.

—La compré.

Fuisteis conmigo a firmar.

Sabéis lo que hicimos.

Mi padre tenía las manos apoyadas en las rodillas.

Le puse delante el extracto y la carta de mi abuela.

—Necesito que me respondas delante de todos. ¿Usaste mis 18.400 € para el taller?

—Sí.

Sonia levantó la cabeza.

—¿Y por qué me dijisteis que la abuela no había ahorrado nada?

Mi madre contestó:

—Pensábamos