Mi madre cambió la cerradura de la casa que yo pagaba. Al volver del trabajo, me dejó la cena en el patio: “Tú entras cuando dejes de oler así”. Mi padre me oyó suplicar y tampoco me abrió la puerta.

compra de la casa.

Unas semanas antes le había preguntado cuánto podría obtener si vendía.

Había incluso un interesado, pero yo había pedido tiempo.

Seguía esperando que una conversación cambiara algo.

—Quiero retomar la venta —dije.

Inés no me pidió que me tranquilizara.

—Mañana revisamos los documentos.

Y recoges tus cosas acompañada.

El viernes mi madre abrió al vernos juntas.

—Mira qué espectáculo por una discusión.

Entré en mi habitación.

Mi ropa estaba metida en bolsas y sobre la cama habían dejado una caja de juguetes.

Busqué la carpeta de