LE DIO AGUA A UNA MUJER APACHE ENORME… AL AMANECER, TRESCIENTOS GUERREROS HABÍAN RODEADO SU RANCHO

arroyo seco. Él murió. Yo escapé herida.

Señaló el pozo.

—Cuando llegué aquí, no sabía si usted era uno de ellos.

Elias sintió un frío en la espalda.

—¿Por eso miraba mi cuchillo?

Tala asintió.

—Y por eso memoricé su rostro.

Después señaló hacia las colinas.

—Mi gente vino porque encontró las huellas de los hombres que mataron a mi hermano.

Hizo una pausa.

—Una de esas huellas conduce hacia Silver Creek.

Entonces Elias oyó caballos acercándose desde el sur.

Esta vez eran hombres blancos.

Y venían armados.

PARTE 3