LE DIO AGUA A UNA MUJER APACHE ENORME… AL AMANECER, TRESCIENTOS GUERREROS HABÍAN RODEADO SU RANCHO

estar muriéndose de sed, no bebió con desesperación.

Cuando terminó, le devolvió el cucharón.

Elias esperaba que volviera a dejarse caer contra la cerca.

Pero la mujer apoyó una mano en los tablones.

Y se puso de pie.

Elias levantó las cejas.

Era todavía más alta de lo que había imaginado.

Superaba en altura a muchos hombres que él conocía.

La mujer sostuvo su mirada.

No había gratitud evidente en sus ojos.

Tampoco miedo.

Era algo distinto.

Como si estuviera estudiando su rostro.

Memorizándolo.

Después miró hacia las colinas del