de enfrente, apoyaba las manos sobre la mesa y miraba por la ventana de la cocina como si aquello fuera lo más normal del mundo.
Yo agradecía eso más que cualquier discurso.
Porque hay días en que un enfermo no quiere explicar cómo se siente.
No quiere actualizar a nadie.
No quiere repetir la parte médica como si fuera el presentador de sus propias malas noticias.
Solo quiere que alguien se sienta cerca y no haga preguntas.
Lucía también empezó a respirar distint
No digo que dejara de sufrir.
Sería