daría cualquier cosa por volver a aburrirme.
Un día normal.
Solo eso.
Un día en el que quejarme porque no queda leche. Porque el vecino hace ruido. Porque hay cola en el supermercado. Porque la cena salió sosa.
Un día sin informes médicos.
Sin agujas.
Sin personas entrando en casa con esa cara de tristeza preparada.
Después de la primera quimioterapia, empezaron a escribirme muchos conocidos.
“Eres fuerte.”
“Tienes que luchar.”
“Eres un guerrero.”
Sé que lo dijeron con cariño.
Pero cada vez que leía eso, me sentía más solo.