a correr.
Eso fue lo que más me tocó en ese instante. No la palabra cáncer. No la palabra metástasis. Sino aquellas zapatillas limpias, todavía preparadas, como si mi cuerpo sigue siendo el de antes.
Lucía me apretó la mano.
“Vamos a poder con esto”, dijo.
Yo asentí.
Pero por dentro ya me había caído.
Después de eso, mi vida se hizo pequeña.
Antes de mi vida era trabajo, compra, recibos, lavadora, cenas rápidas, alguna discusión tonta porque alguien había dejado una luz encendida. A veces me parecía aburrida.
Ahora