y pensaba en el día en que yo ya no estaría. Pero yo estaba allí. Sentado delante de ellos. Escuchando. Viendo. Queriendo seguir siendo Diego, no solo “el enfermo”.
Lucía no me miraba así.
Lucía todavía me veía.
De día era fuerte. Me preparaba la medicación, apuntaba citas, hacía comidas suaves, llamaba cuando hacía falta, me tapaba con una manta si me quedaba dormido en el sofá.
Cada mañana decía:
“Hoy solo pensamos en hoy.”
Pero por la noche la oía llorar en el baño.
Abra el grifo para tapar