Casa de Té Ríos, el negocio familiar que mi abuelo Eusebio había levantado durante cuarenta años.
Alejandro apareció poco antes del mediodía con comida de un restaurante elegante.
Cuando se acercó a besarme, percibí un aroma inconfundible: té blanco de colección.
Era una variedad extraordinariamente rara que yo misma le había regalado a Vanessa semanas atrás.
Nadie más en su oficina tenía aquel té.
Alejandro se sentó frente a mí.
—Cariño, estuve revisando las finanzas de tu negocio. Deberíamos incorporarlo a mi empresa. Tú firmas la autorización y mi equipo