impresa. Miré la hora de salida del barco en Barcelona: las 6:10 del viernes.
A menos de treinta y seis horas por carretera.
Entonces sonó mi teléfono. Era Daniel.
Y cuando respondí, escuché la frase que me hizo tomar la decisión final:
“Mamá, no hagas planes raros. El viernes te dejaremos las llaves y los perros.”
Parte 2
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Apenas dormí esa noche. No por dudas, sino por lucidez. Algunas decisiones no nacen del coraje, sino del cansancio acumulado. No huía de mis hijos; escapaba