Tras el funeral de mi marido, no le conté a nadie que había comprado un billete para un crucero de un año. Una semana después, mi hijo me dijo: «Ahora que papá ha muerto, tendrás que cuidar de nuestras nuevas mascotas cada vez que viajemos».

comida para los perros y una lista con su horario.”

Esa frase me revolvió el estómago. Ni una sola vez me preguntó si quería, si podía o si tenía algún plan.

Terminé la llamada con un “ya veremos”, que ni siquiera intentó descifrar.

Por la tarde, preparé una maleta mediana, elegante y práctica a la vez. Metí vestidos ligeros, medicamentos, dos novelas, una libreta y la bufanda azul que usé el día que conocí a Julián.

No me iba por odio. Me iba porque, incluso durante los buenos años, había