madre porque siempre había alguna emergencia económica en la familia de Diego.
Y ahora descubrí que mi exsuegra había dispuesto de otros trescientos mil pesos sin siquiera consultarme.
Me subí a un taxi y le pedí al conductor que me llevara a casa de mi amiga Patricia.
Apenas avanzamos dos cuadras, comenzó a sonar mi celular.
Era Diego.
No contesté.
Después llegaron los mensajes.
“Mariana, no seas infantil. Mamá está muy nerviosa”.
“Fernanda puede perder el departamento”.
“Solamente necesitamos que actives las tarjetas unas horas”.
Leí el último mensaje y