paguen ustedes.
Mi exsuegra golpeó el mostrador con la palma.
—¡Mi hijo te dio tres años de matrimonio! ¡Lo mínimo que puedes hacer es ayudarnos una última vez!
La miré sin levantar la voz.
—Y durante esos tres años, señora Graciela, ¿alguna vez se preguntó quién estaba pagando sus lujos?
Diego intentó tomarme del brazo, pero me aparté.
—Mariana, por favor. Reactívalas. Después podemos arreglarlo.
Lo observé unos segundos.
Incluso divorciado seguía prometiéndome ese eterno “después”.
Guardé mi teléfono y caminé hacia la salida.
Entonces escuché a Fernanda gritar algo