que me hizo detenerme.
—¡Mamá, dile la verdad! ¡Dile que ya comprometimos trescientos mil pesos de sus tarjetas para mi departamento!
Me volví lentamente.
Graciela se puso pálida.
Y en ese instante comprendí que aquellas mujeres habían planeado algo mucho peor que seguir utilizando mi dinero.
PARTE 2
Salí del Registro Civil con las manos temblando, pero no de miedo.
Durante tres años había trabajado hasta altas horas de la madrugada para sostener mi agencia de publicidad. Había rechazado vacaciones, postergado proyectos personales y hasta dejado de visitar a mi