llorar.
La recuperación fue lenta.
Renata se escondía cuando escuchaba una máquina para cortar cabello.
Si alguien mencionaba una joya, decía inmediatamente:
—Yo no la agarré.
Su psicóloga me pidió que nunca le dijera que olvidara lo ocurrido.
Así que hicimos lo contrario.
Le repetimos que los adultos habían mentido.
Que ella había dicho la verdad.
Que nadie podía tocar su cuerpo sin permiso.
Empezó a elegir su ropa.
Decidía a quién quería abrazar.
Escogía sus propios sombreros mientras le crecía el cabello.
Poco a poco aparecieron pequeños rizos.
Mauricio