más grave —continuó el juez—. Usted estaba dispuesto a convertir a una niña en daño colateral con tal de castigar a su exesposa.
Mariana comenzó a llorar.
Camila apretó su mano.
La sentencia fue severa.
Además de la pena de prisión, perdió cualquier derecho de contacto con sus hijas.
Cuando los custodios se acercaron para llevárselo, Esteban miró hacia donde estaban sentadas.
Esperé que dijera algo.
Una disculpa.
Una despedida.
Cualquier cosa.
No lo hizo.
Miró a Mariana.
No a Renata.
No a Camila.
A Mariana.
Incluso en ese momento