seguía obsesionado con la única persona a la que había intentado derrotar.
Pero Mariana ya no lo miraba.
Estaba abrazando a sus hijas.
Al salir del tribunal, Camila corrió hacia mí.
—Oficial Lucía.
Me agaché.
—¿Qué pasó?
—Renata dice que quiere ser doctora cuando sea grande.
Miré a su hermana.
Renata sonrió.
—Pero de las buenas.
No pude evitar reír.
Saqué de mi bolsa 2 pequeños distintivos de policía que había comprado aquella mañana.
Nada oficial.
Solo un recuerdo.
Le entregué uno a cada niña.
—Entonces ustedes tienen que prometerme