Una niña de 7 años entró empapada a la comisaría sosteniendo a su hermana gemela y dijo: —Mi papá la obligó a beber algo. Luego se quitó el zapato y sacó una jeringa escondida bajo la plantilla. 11 minutos después, una camioneta negra frenó frente a la puerta. La niña miró por el cristal, empezó a temblar y susurró: —Es él. La agente vio al hombre acercarse… y cerró la comisaría con llave.kara

seguía obsesionado con la única persona a la que había intentado derrotar.

Pero Mariana ya no lo miraba.

Estaba abrazando a sus hijas.

Al salir del tribunal, Camila corrió hacia mí.

—Oficial Lucía.

Me agaché.

—¿Qué pasó?

—Renata dice que quiere ser doctora cuando sea grande.

Miré a su hermana.

Renata sonrió.

—Pero de las buenas.

No pude evitar reír.

Saqué de mi bolsa 2 pequeños distintivos de policía que había comprado aquella mañana.

Nada oficial.

Solo un recuerdo.

Le entregué uno a cada niña.

—Entonces ustedes tienen que prometerme