Una niña de 7 años entró empapada a la comisaría sosteniendo a su hermana gemela y dijo: —Mi papá la obligó a beber algo. Luego se quitó el zapato y sacó una jeringa escondida bajo la plantilla. 11 minutos después, una camioneta negra frenó frente a la puerta. La niña miró por el cristal, empezó a temblar y susurró: —Es él. La agente vio al hombre acercarse… y cerró la comisaría con llave.kara

otra jeringa.

Salí acompañada por mi compañero.

—Doctor, coloque la mochila sobre el cofre de la patrulla.

Esteban soltó una risa seca.

—No tienen derecho a revisar las cosas de mis hijas.

—Colóquela sobre el cofre.

Su sonrisa desapareció.

Lo hizo.

Dentro del bolsillo delantero encontramos otra jeringa idéntica y parte de una etiqueta de farmacia.

El medicamento no estaba recetado para Renata.

Estaba a nombre de Esteban.

Y era un sedante para adultos.

—Fue una confusión —dijo inmediatamente—. Preparé mi medicamento al mismo tiempo que el de mi hija.