expresión cambió apenas un segundo.
Después apareció una sonrisa tranquila.
Demasiado tranquila.
—Mis hijas están confundidas. Renata tiene un problema gastrointestinal. Yo mismo le administré su medicamento.
—Su reporte dice que escaparon porque se negaron a tomarlo.
Silencio.
—Estaba alterado cuando hice la llamada.
Golpeó otra vez.
—Abra.
No lo hice.
La ambulancia llegó seguida por otra patrulla.
Mientras los paramédicos atendían a Renata, uno de mis compañeros habló con Esteban afuera.
Camila miró por la ventana.
De pronto me agarró del uniforme.
—La mochila.
—¿Qué pasa con ella?
—Hay