padres?
Silencio.
—¿O el dinero de la casa?
—Daniela…
—¿O mis transferencias?
Golpeó la puerta.
—¡Yo también merecía algo!
Su madre comenzó a llorar.
Mauricio siguió gritando.
—¡Tú estabas en Europa viviendo bien mientras yo cargaba con ellos!
Daniela miró a sus padres.
Dos ancianos que habían terminado pidiendo monedas.
—¿Cargar con ellos?
Su voz se volvió helada.
—Ni siquiera les comprabas sus medicinas.
Mauricio no respondió.
—Mañana hablamos con abogados.
—Si haces eso, todos perdemos.
—No.
Daniela miró a su madre.
—Ellos ya lo perdieron todo.
Colgó.
En las