a recorrer México persiguiendo a un hombre que siempre encontraba una razón para marcharse.
Alejandro bajó la cabeza.
No podía defenderse.
—Quiero conocerla.
—No puedes aparecer con dinero y decidir que ya eres papá.
—No quiero comprar nada.
—Entonces demuestra que sabes quedarte.
Aquella frase se convirtió en su única oportunidad.
Alejandro cerró la compra del rancho que estaba negociando y comenzó a pasar más tiempo en la región. Visitaba a Sofía en lugares públicos, llevaba libros en vez de regalos costosos, jugaba con ella durante horas y respetaba cada