Mariana quedó inmóvil.
Rodrigo había sido precisamente la persona que más la había “defendido” cuando comenzó el escándalo.
—Ese desgraciado me decía que confiaba en mí…
—Porque necesitaba parecer de tu lado mientras todos miraban hacia ti.
Los abogados reconstruyeron las operaciones. Rodrigo tenía deudas enormes relacionadas con apuestas y negocios fallidos. Cuando su padre descubrió el faltante, él señaló a Mariana, la única empleada con acceso cotidiano a los registros contables.
Alejandro esperaba verla feliz.
Pero Mariana comenzó a llorar.
No por alivio.
Por rabia.
—Cuatro años —susurró—. Sofía