no significaba entregarle su dignidad.
—Todo por escrito —dijo finalmente—. Como responsabilidad tuya hacia Sofía.
—Como quieras.
—Y nada de convertir esto en una mansión.
Alejandro sonrió.
—Eso va a ser difícil para mi ego, pero sobrevivirá.
Fue probablemente la primera vez que Mariana se rió con él desde su regreso.
Reemplazaron el techo, arreglaron instalaciones eléctricas y reforzaron paredes. Alejandro respetó cada decisión de Mariana. Nada extravagante. Nada que transformara su casa en una exhibición de riqueza.
Solo seguridad.
Cuando terminaron, Sofía corrió por las habitaciones recién pintadas como