estuvo presente cuando Sofía enfermó y tuvieron que llevarla al médico de madrugada.
Estuvo cuando Mariana comenzó sus clases.
Estuvo cuando había trabajo aburrido, problemas cotidianos y días en los que nadie estaba particularmente feliz.
No intentaba convertir cada momento en una demostración romántica.
Simplemente permanecía.
Ocho meses después de aquella tarde en que había visto a Mariana cargando un colchón bajo el sol, Alejandro preparó una cena sencilla en el corredor.
Cuando Sofía se quedó dormida, Mariana encontró flores silvestres sobre la mesa.
—No compraste rosas carísimas.
—Estoy aprendiendo.
—