Milagro.
Ambos rieron.
Alejandro tomó su mano.
—Cuando tenía dieciocho años pensé que irme significaba ser valiente. Durante mucho tiempo me convencí de que no regresar era el precio del éxito.
Mariana escuchó en silencio.
—Luego construí todo lo que alguna vez soñé. Y cuando te vi caminando por aquella carretera entendí que también había construido mi vida alrededor de una ausencia.
Sus ojos se humedecieron.
—No quiero recuperar el pasado. Eso es imposible. Quiero merecer lo que venga después.
Mariana apretó suavemente su mano.
—Creo que ya empezaste.
No